Mirando para atrás
La criminalidad como objeto de investigación ha puesto su eje frecuentemente a la delincuencia masculina, ya que la trasgresión de la ley penal por las mujeres ha sido poco considerada, dado que cuantitativamente es mucho menor que las de los varones.
Por eso, ante la sesgada información que el escenario criminológico presenta nos enfrentamos a la interpelación del encarcelamiento femenino en busca de las voces de las mujeres presas que relaten su tránsito por la cárcel.
De esa manera poder subsanar el mutismo que cercó su encarcelamiento, antigua deuda pendiente a la que agregamos la ausencia de la perspectiva de género y la especificidad que requiere la reclusión de las mujeres.
Abordamos una historia que ha profundizado la temática del encierro penitenciario poniendo su acento en los varones, reflejando en sus registros escasas estadísticas o menciones respecto del confinamiento de mujeres.
En el inicio de la organización territorial argentina, el Cabildo era sede de administración de Justicia y tuvo su primer calabozo en el año 1613, ampliándose a 5 en 1783[1]. De lo que si consta es que en ese período de regulación de la cárcel, las mujeres eran aprisionadas por prostitución, mecheras, en donde se le otorgaba al padre, hermano, tutor o marido el derecho de aducir causa de desobediencia o falta moral para que fuera enclaustrada. Un peldaño irrefutable del patriarcado, las mujeres no tenían voz. El encierro en esos casos se hacía en los espacios linderos con varones, acarreando dicha situación de la reclusión una conflictividad compleja para los funcionarios a cargo, según se observa en el informe Primeras cárceles de mujeres en Argentina, donde se enuncia que “en la cárcel del Cabildo de Bs As y de Córdoba (1718) la mixtura ocasiona peleas”, ello lleva al gobernador de Buenos Aires, Vertiz, en 1774 a crear la Casa de Recogidas[2]“para sujetar y corregir en ella a las mujeres de vida licenciosa”.
Podamos visualizar este momento como un hito formal del Estado patriarcal en el ejercicio del sometimiento y silencio femenino, Atribuir acciones u omisiones a las mujeres que eran consideradas insubordinación ante el paradigma imperante de superioridad masculina
En los primeros pasos de secularización y laicización de los organismos estatales, el ideario de la justicia punitiva debate el “sentido de la pena” y queda cimentado que el cumplimiento de la pena dejara de ser “castigo para ser readaptación sociolaboral, No podemos dejar de remarcar que este avance en las políticas públicas penitenciarias fue solo para varones, ya que para las mujeres el cumplimiento de la pena era visto como un periodo de reconversión moral para volver al hogar como buenas mujeres. En ese ideario de “proyecto de ciudadanía” amalgamado en la matriz patriarcal, las mujeres encarceladas no fueron incluidas, quedaron relegadas. Se abrió una brecha que lleva décadas sobre la desigualdad que implica el cumplimiento de la pena entre hombres y mujeres, relativo al ejercicio de derechos y políticas públicas. La historiadora argentina Lila Caimari califica de “triunfo del credo” en el ámbito del encrcelamiento femenino ya que respecto de los reclusos se pensó secularmente el encierro.
Se construyeron edificios pertinentes para varones, y como dice Dillón “a las mujeres las mandaban a un convento, y esto fue así hasta los años 70. No hay castigo sino una reeducación moralizadora, que deviene como misión divina a cargo de las monjas”[3].
La reclusión femenina se inscribe en el modelo latinoamericano al otorgar a la Congregación del Buen Pastor la calidad de “cuidadoras/carceleras” de las mujeres presas en 1892 cuando se inaugura la Casa Correccional de Mujeres en Buenos Aires.
La “readaptación” de las mujeres que trasgredían la ley penal quedó custodiada por más de 120 años por las monjas que asumían la necesidad de “salvar sus almas “y “darles la preparación eficaz para las tareas del hogar”. En ese acuerdo político, económico. social, clerical entre el Estado y la Iglesia, las mujeres encerradas quedaban bajo el tutelaje religioso, silenciadas, sumisas, domesticadas. La investigadora colombiana García Amézquita en su tesis Monjas, presas y sirvientas[4] hace un detalle exhaustivo de cómo estratégicamente la congregación forjaba en las presas el modelo de mujer/madre, basada en acciones de riguroso disciplinamiento y adiestramiento doméstico.
Este esquema de plan de abordaje de la criminalidad femenina de la mano de la “religiosidad” se expandió en todas las provincias de nuestro país apostando a que las prácticas relacionadas al “trabajo doméstico y a la fe” dieran la sanción legal, social y divina a estas mujeres trasgresoras.
La provincia de Santa Fe no quedó ajena a este diagrama penitenciario femenino nacional y en la manzana delimitada por las calles Laprida, Virasoro, Buenos Aires y Gálvez, se fundó en el año 1896 el Instituto del Buen Pastor, se acuerda el espacio físico donde se incluirá la reclusión de mujeres que no se nombró como “cárcel sino como un “asilo”, “ Asilo del Buen Pastor”, imprimiendo una desigualdad conceptual respecto al encarcelamiento femenino. El vocablo “asilo” según RAE significa: Establecimiento benéfico en que se recogen menesterosos, o se les dispensa alguna asistencia, en discrepancia con los varones que están recluidos en “cárcel” que que según la misma fuente dice: Local destinado a reclusión de presos alejándolos de la asistencialidad que se instala en la reclusión femenina.
Las mujeres presas estaban bajo el tutelaje de las monjas de la Congregación del Buen Pastor. Allí se disciplinaba y “moralizaba” a niñas huérfanas, abandonadas, en conflicto judicial y mujeres privadas de la libertad. Tampoco se alejaba de los lineamientos mencionados de formación de mujeres hábiles para las tareas domésticas e inducidas a los miedos del castigo por la fe. Fue también el reservorio de sirvientas para los sectores que conformaban la burguesía rosarina. Muy poco acceso se ha podido tener a registro vinculados con el ingreso y egreso de las mujeres presas, un gran celo rodeo la administración y sigue siendo inaccesible la información.
De los relatos obtenidos de algunas celadoras se pudo inferir el grado de destrato y mutismo que circunscribía la vida de las mujeres presas.
Retumban las voces de las mujeres
La década del 70 cuando el Terrorismo de Estado hace pie en nuestro territorio, el escenario del Asilo se ve impactado por el desembarco de las presas políticas. Las monjas del Buen Pastor preparadas para manejar reclusas sumisas, obedientes, degradadas por ser delincuentes, reciben en el Asilo a las “presas políticas” que de ninguna manera eran manejables, sino contestarías, resistentes. Mujeres que conocían y reclamaban sus derechos y que abogaban por difundirlos dentro del encierro. Conformaron valiosas relaciones entre las mujeres presas comunes y presas políticas, creando un estado de malestar que las monjas no estaban dispuestas a sobrellevar.
NN, presa política, nos relata con mucha emoción el sostén y apoyo que fueron las mujeres que estaban detenidas en el Asilo. Ellas nos enseñaron a maniobrar con el tiempo y el espacio en los días del encierro y nosotras las instamos a reclamar por sus derechos.
Fragmentar ha sido siempre una estrategia puesta al servicio de la lógica penitenciaria, sin embargo y a pesar de las rígidas reglas de las que se sirve la Institución para silenciarlas, el intercambio de saberes, experiencias y padecimientos forja un nutrido entramado entre lo que se dio en llamar: presas políticas y presas comunes.
Con las intervenciones constantes de militares, policías, agentes judiciales, que irrumpe en la conducción verticalista, unidireccional e impuesto durante tantas décadas, la conducción del establecimiento por parte de las monjas comienza a dificultarse. Así la Congregación del Buen Pastor, durante la década del 70 decide retirarse de casi todo el territorio argentino. Hoy en día solo en la provincia de Corrientes la cárcel de mujeres es gerenciada por las monjas del Buen Pastor.
El 9 de agosto de 1974, por decreto 02512 el Gobernador SylvestreBegnis dispone la creación de unidades penitenciarias de mujeres que funcionarán bajo la jurisdicción de la Dirección General de Institutos Penales: Instituto de Recuperación de Mujeres de Santa Fe, Unidad Nro. 4, y el Instituto de Recuperación de Mujeres de Rosario, Unidad Nro. 5.
Se puede decir que hubo algunas causas que movilizaron e impulsaron al Estado a mirar el encarcelamiento femenino a lo largo de 100 años. Primeramente el hecho de “separarlas” del encierro compartido con varones, Ya que para que se las indicaba como la tentación de los detenidos, con su dedo indicador son “ellas” las pecadoras sostenidos por un sólido sistema patriarcal. Después, readaptarlas en la fe como buenas madres y esposas, modelo eje indispensable para que sean cuidadoras del hogar. Mujeres en lo privado, varones en lo público.
Más adelante, cuando nada puede interrumpir la presencia de las mujeres en la vida pública y en el quehacer político, las provincias deben tomar la decisión de regular la reclusión femenina bajo las normas de ciudadanía, que nada tenían que ver con la injerencia religiosa.
Casa - Cárcel
A razón de verdad, el decreto N° 02512 se cumple a medias, no se construye cárcel para mujeres, sino se anexa a la Comisaría 8va .Se perfila así una continuidad política, económica y aun aferrada a la matriz patriarcal/clerical en el encarcelamiento femenino.
La denominación Instituto de Recuperación de Mujeres Nro. 5, encuadra este espacio de reclusión desde una mirada sanitaria, no desde una evaluación de ciudadanía.
Ingeniero Thedy 375 Bis, planta alta sobre el edificio de la comisaría 8va de la ciudad. La unidad no fue una construcción pensada para el funcionamiento de una cárcel para mujeres si no que fue la readaptación de una vieja casona, cuyas celdas se edificaron hacia el subsuelo, impidiendo la llegada del sol y la circulación de aire. De un somero pantallazo sobre el vetusto edificio y su readaptación para contener 50 mujeres y 10/12 niñes, queda a la vista el desinterés del Estado por visibilizar la situación de las mujeres presas.
La organización y distribución de las internas al interior de la casona estaba engarzada al ideario patriarcal. Así lo plantean Rojas y Miño, “se enlaza lo femenino con lo maternal y la docilidad, y desde esta perspectiva, se distribuyen estos cuerpos, en dos plantas: la planta alta está asignada para las mujeres catalogadas “más violentas o conflictivas” y la planta baja para las mujeres tranquilas, enfermas o “embarazadas y madres con niños o niñas””[5]. Esto refleja una continuidad respecto al modelo social imperante, es decir se replica la categorización de las mujeres que el patrón social sustenta de: mujer dócil, hogareña, sumisa, madre.
Cada planta contaba con celdas compartidas eran estrechas, húmedas y oscuras, con un sector de duchas colectivas, sin ventilación artificial ni luz natural. Un espacio común, comedor, donde se compartía un artefacto de cocina y una heladera deteriorados, un patio enrejado, estrecho, atravesado por aguas servidas, el cual era destinado a lavar y colgar la ropa, socializar, así como a la circulación de los menores. El uso recreativo del patio estaban limitado a horarios pre establecidos lo que impedía la movilidad y el ejercicio de las mujeres, (y niñes) afectando el cuidado del cuerpo y la salud. El espacio físico dedicado a Educación, la escuela, era una habitación de 8mts cuadrados, con algunos bancos, sillas y un pizarrón, allí funcionaba tanto la primaria como el E.E.M.P.A. en forma alternada. A pesar de que varias de las mujeres tenían un insuficiente dominio de la lecto escritura asistir a las clases, no las convocaba.
Rojas y Miño al respecto plantean que “las mujeres que están privadas de su libertad no asisten a los estamentos de enseñanza oficial a pesar de que se observó que la mayoría de ellas presentan un bajo nivel educativo y algunas son analfabetas teniendo que firmar marcando su dedo pulgar”. A lo que suman que “la educación formal no es un lugar deseado, no es considerado ni un valor ni un elemento de avance social significativo”.
"Si Señora"
La lógica penitenciaria tiene lineamientos definidos respecto a vida intramuros. Están normatizada con gran rigurosidad las relaciones del personal penitenciario entre sí y con las internas, demarcando un territorio de mando y sub alternalidad. Dentro del funcionariado penitenciario verticalista y jerárquico se encuentran las guardiacárcel, personal femenino a cargo de las internas.
Una rueda aceitada mueve la rutina carcelaria día a día ciñendo las acciones de las mujeres dentro de lo permitido y lo prohibido, tendiendo a suprimir vestigios de individualidad y singularidad. Legitimando prácticas que aspiran a cercenar actos espontáneos e independientes de las mujeres, sustentando una tendencia a la infantilización sostenida también por el uso de placebos medicamentosos para conservar presas tranquilas.
El constructo de restricciones, normas, y límites exigen a las mujeres presas un diario ejercicio de subordinación y silencio. Para hablarle a la guardiacárcel, que es la que recoge los pedidos, reclamos, solicitudes de las presas a primera hora del día, deben dirigirse a ellas como Señora y también responder Si señora/ no señora trazando este trato formal una línea de mandato, orden y sumisión .Por otro lado el funcionariado penitenciario otorga poca veracidad a las palabras de las mujeres, son consideradas escandalosas, alborotadoras, ruidosas, provocadoras y ante esta postura desoyen sus decires. Sobrevuela un discurso intramuros crítico y descalificador respecto de las situaciones que atraviesan las mujeres presas, y aun más cuando deciden compartir el encierro con sus niñes.
Ante este raudal de restricciones que parece encorsetar la vida en la cárcel, las mujeres presas encuentran intersticios por donde circulan sus voces, sus ensueños, sus luchas, sus verdades. Construyen un relato que ensamblan en el hacer cotidiano para entretejer un universo propio, más amigable dentro de los pabellones. Y todas las reglas que parecen ser inamovibles las corren, matean a deshora, rearman menú con la comida que deja el servicio, se bañan sin horario, cantan fuerte, se ríen ruidosamente. Desbaratando algunas partes del organigrama marcado en la rutina diaria por el servicio penitenciario, en un decidido deseo de “mostrarse” como mujeres que resisten la institucionalización y el acallamiento.
Y como broche reemplazan a viva voz, el “señora” por “empleada”
Virginie Despentes,[6] escritora feminista francesa, sostiene en su libro Teoría King Kong que las mujeres están… “buscando modos interesantes de soslayar los límites”.
Es así como las mujeres presas arremeten contra ellos corriendo las fronteras de los muros. Apropiándose de las palabras para darle cuerpo a los silencios. Y es allí, en ese mismo territorio de resistencia donde la ONG Mujeres tras las rejas desde el 2006 despliega un abanico de propuestas. Con la presencia de un equipo interdisciplinario que la integra, conformada por profesionales de diversas áreas, estudiantes, pasantes y voluntarios se disponen como intermediador entre el adentro y el afuera para hacer rodar la palabra.
La palabra: instrumento de poder
El lenguaje ha determinado el lugar de la mujer en el ámbito público y privado. Diversas formas de nombrar: vocablos, palabra, lengua, lenguaje, habla, idioma, jerga, argot son algunas de las líneas que se entrecruzan para construir el discurso social.
La lengua tiene un valor simbólico enorme, ya que lo que no se nombra no existe y a fuerza de no nombrarnos las mujeres nos tornamos invisibles en una gran gama de aspectos como profesiones, cargos jerárquicos, actividades prestigiosas, cárceles, porque la mención en muchos casos aún están circunscripta al masculino.
El lenguaje da cuenta de las relaciones de poder y dominación, evidenciada por la asimetría que se produce entre los que crean las reglas, toman las decisiones y los que quedan sojuzgados a las mismas. En este marco, las mujeres que no han tenido participación en el hacer del sistema lingüístico quedaron sujetas al “decir” de los varones y en un orden social de discriminación
El discurso juega un rol central entre los miembros de la sociedad, ya que la comunicación es la base para que una ideología sea sustentada. Según Parker (l992) “la práctica discursiva se centra en instituciones, poder e ideología, los que dominan tienen la propiedad de la narrativa y son los que producen la construcción de la historia”. Y en ese relato podemos aseverar que las mujeres presas han estado ocultas ya que las investigaciones en criminología tienen un marcado sesgo masculino .Por eso tomar la palabra es una tarea ciclope, hacerse escuchar, revalidar sus opiniones lleva una larga batalla al interior de la unidad penitenciaria-.
Balandier resume el problema de la mujer y el lenguaje cuando afirma que “… el universo social definido y hecho por y para los hombres, aparece como si condenase a las mujeres al silencio, a la sumisión dentro de un mundo en el que los valores, las normas y los modelos son a priori…” Esta afirmación es una pincelada perfecta del imaginario social y del funcionariado penitenciario respecto a la reclusión femenina.
“La lengua nos pertenece a mujeres y a hombres, tenemos derecho a ser nombradas y representadas". Aseveró Rosa Peris del Instituto de la Mujer –España -30/11/2006
“La tarea de la escritura es representar lo prohibido. Decir lo que no se dice normalmente. La escritura debe ser escandalosa”
Marguerite Duras
Las mujeres privadas de la libertad ambulatoria han sido históricamente habladas por otros; médicos, abogados, asistentes sociales, personal penitenciario, jueces, psicólogos, siquiatras diluyéndose su voz en esta maraña legitimada por la Ley y la Academia, para romper con ese destino de silencio Mujeres tras las rejas pone en movimiento un engranaje de intervenciones donde el uso de la palabra es el eje.
Los talleres fueron conformándose de acuerdo a los interrogantes que surgían en cada encuentro. La construcción de lazo de respeto y sororidad es trascendental, una relación donde la escucha tiene mucho que ver.
Inauguramos, todos los jueves, una mesa de debates sobre sexualidad, enfermedades de trasmisión sexual, ginecología, parto, crianza, maternaje, parentalidad : derechos y obligaciones. Y después que pasamos este primer año de intercambio de saberes sobre el cuerpo encerrado de las mujeres presas, había mucho que decir y mucho que escuchar, pasamos a otro escalón. Y apareció el teatro, donde leer y escribir fue una fiesta .Y ahí arribaron, Pablo Vila y Mirna Remes, los profesores que impulsaron juegos escénicos y se inundaron de voces altisonantes los patios enrejados. Hasta que poder plasmar las propias experiencias fue un deseo irrefrenable, hasta que escribir aquello que las refería, que las tocaba, que las construía fue un mandato.
Germinó así Cenicienta tras las rejas: una nueva oportunidad, El ingreso, El 840 y sus mujeres, Venecia ( Jorge Accamo) del manuscrito, nunca tan exacto, escrito a mano a pura birome, pasamos al escenario: Sala Lavardén, Sala de la Cooperación, ATE. Fueron autoras, actrices, escenógrafas, iluministas, apuntadoras, maquilladoras. El escenario comunicacional de la ciudad, grafico, televisivo, radial, digital les otorga una nueva mirada, un salto de la sección policial para referenciarlas en la sección cultura.
Cuando se cierra el telón, las mujeres en la cárcel, vuelven a requerir ser escuchadas.
Ensanchando el ideario de la comunicación como derecho y sustentando la necesidad de vinculación del adentro y el afuera surge como puente la radio en vivo.
Radio Comunitaria Aire Libre 91.3 nos da el aire, nos proporciona el operador y los materiales. Entonces sobre las mesas de los comedores extendemos micrófonos, auriculares, cables, consola para que nadie intermedie con sus decires. Las mujeres presas hablan por si mismas.
¿Por qué un Taller de radio en situación de encierro?
¿Por qué NO? Responder a una pregunta con otra implica confrontar el pensamiento. La radio es el medio más comunicante, cercano y humano de los existentes, puesto que acerca una interrelación entre público y audiencia y a la vez tiende puentes de forma triangular, en este caso específico,-internas --radio--oyentes, generando verdaderos lazos de comunicación y ciudadanía. El programa de radio genero una cita semanal, una franja horaria de encuentro parental, los jueves de 17 a 18hs, se sumaba a la información general el bullicio que llegaba desde algunos hogares.
En este mismo espacio de circulación de la palabra brotaron otras intervenciones, las producciones textiles, a cargo de la diseñadora Marina Gryciuk, En la cárcel no hay espejos, las mujeres pierden la noción de la corporeidad .Las propuestas de El enredo tienden a reencontrarse con el cuerpo propio en la reclusión (Exposiciones de Retratos y La que soy en Centro Cultural parque España, Museo de la Ciudad y Museo Estévez).
Poesía, escritura de comics, fotografía, radioteatro, intervenciones que con la apropiación de la palabra las mujeres presas fueron construyendo un legado que irrumpe ante la sociedad y reclama ser parte de ella.
El Festival Internacional de Poesía de Rosario (FIPR) desde 2015, toma el espacio de producción poética en la radio como zona de intercambio de voces. Comparten con poetas nacionales e internaciones el micrófono, leen sus producciones. La Editorial Municipal edita los poemarios: Korazon sin control (2013), Muertas vivas (2016), Las leonas (2017), Que tu mente sea tu piloto (2018).Verdad ,consecuencia (Comics 2019)
TESTIMONIOS: Con voz propia
“Tenemos derecho a no ser humilladas por la policía y muchas veces sentimos que es así "
“Del tema que más aprendí fue cuando hablamos de la mujer, del cuerpo, de los controles que tiene que tener, las vacunas, a mi ese tema me llegó mucho” Chela
“Yo amaba mi cuerpo, ahora no lo amo más. Afuera me cuidaba, hacía ejercicio” Patri
“Es un puente para que la gente se entere lo que pasa acá. Une con el exterior, uno ve las necesidades del afuera y el afuera ve las de adentro. Te remonta al exterior. Podemos contar nuestras necesidades, problemas y pedir solidaridad a las personas” Chela
“Pude ser yo cuando agarré el micrófono” Joana
“Te hace sentir que sos alguien” Elii
“Siento que alguien me escucha, que estoy viva, que existo” Gladis
Para Eli, la radio significa “ser escuchada de otra manera, al revés de los psicólogos. Me une con la palabra libertad porque me siento libre”. “Te priva de estar con tus hijos, de ver crecer a mis nietos, la familia. Yo estaba acostumbrada a tener mucha libertad. Me afectó mucho en los vínculos, extraño los almuerzos con mis hijos”
“Mis hijos cuando me visitan se quieren ir enseguida, no les gusta venir” Gladis
“Los hombres tienen más beneficios que las mujeres. Nosotras estamos más abandonadas” Flor
“En otras cárceles hay otros derechos, por ejemplo, a los hombres los sacan a jugar al fútbol a nosotras no nos sacan a jugar al vóley y es necesario" Joana
“… Acá adentro las alianzas son muy fuertes, con algunas te entregas entera porque tienen tus mismos problemas y te saben entender. Hay algunas que te ayudan cuando te pega la tristeza y no te dejan sola ni un momento. Hay otras minas de las que te tenés que cuidar porque son muy agresivas y buscan problemas por cualquier cosa, a esas más vale tenerlas lejos, aunque en este lugar donde vivimos amontonadas es difícil no verlas…” Susana
“… A la Suárez le hicieron firmar un informe porque maltrató a la nena…” Soledad
“… Acá no se vive tan mal, solamente hay humedad y sí, ratas hay, algunas son tan grandes que si te descuidas te ceban mates…” Mónica
“…al final, yo solamente quiero una caricia…” Elsa
“…no todo pasa por la cama. Tampoco importa si te traen cosas. Necesitamos hablar con otros, mirar a los ojos a alguien querido…” Susana
… A mí nadie me escucha, todos me retan, siempre me castigan. Yo no les hice nada a los chicos, no sé por qué me los sacaron…” Carmen
“… este es un espacio de libertad para poder hablar, comunicarnos, ser escuchadas…” Mariela
“… si no estuviéramos presas nunca hubiéramos tenido la oportunidad de estar aquí, haciendo un programa…” Pamela
“…esto nos da fuerzas, nos alienta a seguir adelante”. Laura
Ante esta abrumadora avalancha de voces, gritos, quejas, exclamaciones, opiniones, prejuicios, clamor, juramentos, escritos, podemos ver que las mujeres presas no se callan, rompen el silencio impuesto y a pesar de la severidad que las rodea, de las reglas y de la opresión, encuentras intersticios por donde se escurren sus palabras.
El peso patriarcal aun hoy cae sobre el encarcelamiento femenino, aboguemos por la llegada de políticas públicas sustentadas en la perspectiva de género que garanticen el ejercicio de los derechos no conculcados por la pena.
BIBLIOGRAFIA
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Por qué la primera cárcel de la Argentina estaba en el cabildo. Disponible en https://cabildonacional.cultura.gob.ar/noticia/por-que-la-primera-carcel-de-la-argentina-estaba-en-el-cabildo/
Primeras cárceles de mujeres en Argentina. Disponible en https://historiaybiografias.com/carceles3/
CAIMARI, Lila, “Castigar civilizadamente. Rasgos de la modernización punitiva en la Argentina (1827-1930)”, en GAYOL, Sandra y KESSLER, Gabriel (comps.), Violencias, delitos y justicias en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Manantial, 2002.
Badinter, Elisabeth (1992): XY. La identidad masculina. Alianza. Madrid
Arango, Luz, Gabriela, León Magdalena y Mara Viveros, ¿Existe la mujer? Género, lenguaje y cultura, Género e Identidad. Ensayos sobre lo femenino y lo masculino. Tercer Mundo, 1995.
Beauvoir Simone de (1949): El segundo sexo, Cátedra, Madrid, 1999
Nadie las visita. Miño Raquel-Rojas,Graciela- UNR 2012
Notas
[1] Por qué la primera cárcel de la Argentina estaba en el cabildo. Disponible en https://cabildonacional.cultura.gob.ar/noticia/por-que-la-primera-carcel-de-la-argentina-estaba-en-el-cabildo/
[2] Primeras cárceles de mujeres en Argentina. Disponible en https://historiaybiografias.com/carceles3/
[3] Dillón Marta “Corazones cautivos”, 16/01/07
[4] July Andrea García Amézquita (2014).Monjas presas y sirvientas. La cárcel de mujeres del buen pastor: una aproximación a la historia de la política criminal y del encierro penitenciario femenino en Colombia. Universidad Nacional de Colombia, Facultada de Cs. Econ., Instituto de Estudios políticos IEPRI. Bogotá, Colombia.
[5] Rojas G. y Miño R. (2012). Nadie las visita. Rosario, Editorial de la UNR.
[6] Virginie Despentes. Teoria King Kong. Pag 79, 2016 Editorial Literatura RandomHouse